Se inaugura la posada Mucuchá en Mucuchachí

Publicamos a continuación un texto de Carolyn Chuong, estudiante graduada de la Brown University (Rhode Island, Estados Unidos), titular de una beca Fulbright, que actualmente enseña inglés en Mérida y trabaja como voluntaria en la Fundación Programa Andes Tropicales. Carolyn acompañó un equipo del PAT a la inauguración de la Mucuposada Mucuchá, en Mucuchachí. Esto es su reportaje.

Mucuchachí

Mucuchachí, uno de los Pueblos del Sur

He aquí un trabalengua para usted. Estuvé viajando recientemente al pueblo de Mucuchachí para la inauguración de la Mucuposada Mucuchá. Acompañé el personal de la Fundación Programa Andes Tropicales (PAT) en la cual estoy haciendo trabajo voluntario. Ubicada en Mérida, Andes Tropicales promueve el turismo de base comunitaria en varias zonas rurales de Venezuela y desarrolla con los moradores locales una infraestructura turística. La palabra mucu significa “lugar” en la lengua indígena de la región, y las Mucuposadas son posadas que pertenecen a familias de los Andes y son manejadas por ellas.

El grupo que iba a Mucuchachí comprendía unas diez personas: miembros del equipo de Andes Tropicales, una periodista, un fotógrafo, personas de los pueblos circundantes que planeaban abrir su propia mucuposada y un niño inquieto de 5 años llamado Sebastián. Salimos de Mérida temprano en la mañana y viajamos en un vehículo 4×4 por una carretera estrecha y ventosa, a veces con neblina y algo de lluvia. En un momento dado, las curvas eran demasiadas para el joven Sebastián, quien susurró “No me siento bien” antes de vomitar en un lado de la carretera.

Cálida bienvenida

La Mucuposada Mucuchá, en Mucuchachí (Venezuela)

La Mucuposada Mucuchá

Cuando llegamos a Mucuchachí luego de cinco horas de camino, los dueños de la Mucuposada, Omero e Iraida, nos dieron una cálida bienvenida y nos sirvieron un almuerzo hecho de sopa de gallina, yuca y queso casero. Personas de la comunidad empezaron a aproximarse, echándose unos a otros los últimos cuentos. Alguien también preparó birúz, una bebida tradicional hecha con maíz tostado y molido. ¿A qué sabe? Tan solo cierre sus ojos e intente imaginar el sabor de cotufas líquidas…

Cuando la ceremonia de inauguración empezó, la posada estaba llena de gente. Desde hace más de un año, la pareja propietaria trabajó sin parar, con muchas manos amigas, para renovar su casa. En las palabras de Omero e Iraida, se hizo evidente para los presentes su agradecimiento a todas las personas que los ayudaron. Una vez terminada la ceremonia, aparecieron las cervezas y sonó la salsa. Pasamos el resto de la noche bailando en la posada—o más bien, en mi caso, ¡intentando bailar!

Antiguos caminos

Omero e Iraida, dueños de la posada

Omero e Iraida, dueños de la posada

La posada Mucuchá es la octava que se abre en la región, y algunas más están proyectadas para un futuro cercano. En los Pueblos del Sur, las comunidades siempre se conectaron entre ellas por antiguos caminos. Ahora, con la red de mucuposadas, los turistas disponen del alojamiento necesario para visitar la región. Pueden movilizarse de un lugar a otro por los senderos y caminos, bien sea a pie, en bicicleta de montaña o a caballo. Las comunidades locales participan activamente en la nueva actividad, al suministrar a los visitantes los servicios de comida, alojamiento y guiatura.

En este proceso, reciben el apoyo de microcréditos financiados por la Unión Europea y manejados por Andes Tropicales. A los cuatro años, los préstamos deben estar reembolsados y las comunidades deberían ser capaces de seguir adelante con sus proyectos de manera autónoma. La Fundación PAT ya llevó a cabo varios proyectos exitosos en otras partes de Venezuela y, hoy en día, aquellas comunidades son autónomas.

Emprender uno de los viajes, explorar los caminos y pasar la noche en una mucuposada es una oportunidad única de conocer mejor la cultura de la Venezuela tradicional y apoyar un turismo que beneficia directamente a las comunidades locales.

Fotos: Carolyn Chuong

Carolyn Chuong

Carolyn Chuong, voluntaria en el PAT

Primera impresión de los Pueblos del Sur

Marie-Blanche Richer y Sergio Riquelme son dos pasantes de Montreal (Canadá) que durante cuatro meses se unirán al equipo de la Fundación Programa Andes Tropicales. A los pocos días de haber llegado a Mérida, tuvieron la oportunidad de visitar los Pueblos del Sur. Publicamos a continuación sus primeras impresiones sobre la región.

Marie-Blanche y Sergio

Marie-Blanche y Sergio caminando hacia El Gualí

Al llegar a Mérida desde el frio invierno de Canadá, su clima y paisajes nos cautivaron. Las esquivas casas que se dejan ver en lo alto de las montañas de verdes variados contrastan con la alegría y el dinamismo que le aportan las multitudes de gente que vinieron a disfrutar la Feria del Sol.

Al decidir venir a hacer nuestra pasantía con la Fundación Programa Andes Tropicales (PAT), no teníamos una imagen clara de la región de los Pueblos del Sur, donde un proyecto de turismo se está elaborando. Así es que aprovechando el fin de semana largo, nos fuimos a visitar la región.

Viaje en el tiempo

Al cruzar el portal de los Pueblos del Sur en Las González, nos dimos cuenta que era más que una división imaginaria. Era prácticamente un viaje en el tiempo. Los campesinos arando la tierra con bueyes, trasladándose a caballo y seguidos con una mula bien cargada nos parecían unas escenas sacadas de una película. Un regreso a las tradiciones y las costumbres de las cuales nos hablaban nuestros abuelos pero que no conocíamos.

encuentro

Un habitante yendo a hacer las compras a Mucuchachí

Nuestro recorrido, que duró tres días, nos permitió conocer gran parte de los Pueblos del Sur, San José y sus aldeas (Mucumpis, Mucusún, Mucuambín y Tostós), Mucutuy, Mucuchachí, Chacantá, la comunidad de la Coromoto en Canaguá y El Molino, no siempre siguiendo la vía principal.

La ruta secundaria en la cual nos aventuramos es principalmente de tierra pero asfaltada en lugares estratégicos. Gran parte de esta ruta alternativa es accesible exclusivamente en camionetas 4×4 o a pié. A lo largo del camino, sentimos una sensación de inseguridad al mirar la profundidad de los barrancos. No podemos imaginar andar por esas rutas escarpadas en temporada de lluvias. Cabe mencionar que la sensación térmica varía de unos 10 grados centígrados en cosa de minutos.

cruce

Uno de los puntos de doble via

El paisaje, al igual que la temperatura, cambia según la altitud en la que nos encontremos. Hemos pasado de una zona xerófila (dominada por cactus) al páramo, pasando por selvas nubladas, paisaje productivo (zona agrícola) y plantaciones de pinos importados. Pensamos que la diversidad de los panoramas contribuye particularmente a la riqueza de los Pueblos del Sur.

Gente acogedora

Durante nuestro viaje, conocimos a dueños de mucuposadas y prestadores de servicio de la red de turismo desarrollada por el PAT. Fuimos recibidos con los brazos abiertos. Nos pareció muy interesante e innovador ver que personas con diferentes ocupaciones, tales como truchicultores, artesanos, agricultores, arrieros, etc., se interesaran por el turismo.

Sabemos que el PAT lleva una campaña de sensibilización sobre la importancia de la conservación del ambiente desde hace muchos años. La interacción con estas personas nos permitió darnos cuenta, de manera concreta, del impacto del proyecto en las comunidades.

Es alentador ver que pueblos tan alejados y aislados de la ciudad, con una geografía que dificulta las comunicaciones y desplazamientos entre ellos, sean capaces de organizarse y trabajar conjuntamente. Sin duda alguna, los habitantes de los Pueblos del Sur son personas acogedoras, amables y generosas que hacen sentir a cualquier turista como parte de su comunidad.

Construcción de una escuela en adobe en Mucuambín

A pesar de la falta de información que actualmente existe sobre todas las actividades que se pueden realizar en esa zona, la gente nos parecía muy motivada e interesada con el proyecto de turismo propuesto por el PAT. Gracias a este viaje improvisado, nosotros, como pasantes,  estamos ansiosos de trabajar en conjunto con las comunidades.

Marie-Blanche Richer y Sergio Andrés Riquelme

Atardecer en el Bosque Nublado

Atardecer en la selva nublada


Caminata hasta el antiguo Acequias, por Irma Naranjo

Publicamos a continuación el segundo reportaje que Irma Naranjo, de Salir de Casa, dedicó a Acequias en su página dominical del diario Ultimas Noticias.

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Un destino recóndito en los Pueblos del Sur de Mérida, para visitantes que disfrutan recorrer carreteras estrechísimas y la simplicidad de la vida rural, entre curiosa aridez y frío.

Ruinas de la iglesia de San Antonio de Mucuño

Las ruinas corresponden a un pueblo de doctrina fundado en 1620. Se estima que tuvo una población total de 745 indígenas.

Continuamos en Acequias, en Pueblos del Sur de Mérida para visitar “pueblo viejo” o las también llamadas Ruinas de Mucuño. “Caminando en una hora está ahí”, animan muchos la caminata. Aunque no existen guías formales, hay pobladores que con anticipación se pueden contactar para acompañar este recorrido. Se hace por una carretera de tierra, sin mayor dificultad, en realidad puede demorar de 2 a 3 horas, en bajada.

En la vía hacia las ruinas de Mucuño (Acequias)

En la vía hacia las ruinas de Mucuño

El sol radiante decembrino nos acompañó en la caminata desde Acequias a las ruinas de Mucuño. Las vistas que se tienen desde la carretera son parte del disfrute. “Allá ves al frente, el pico El Toro“, comenta Ángel Dugarte, nuestro acompañante. Aunque se dan muchas vueltas desde la ciudad de Mérida, el recorrido vuelve a llevar a un mirador que permite ver el comienzo del Parque Nacional Sierra Nevada. “Debajo de aquella cuesta quedan Los Nevados y ya en pocas curvas comenzará a ver El Morro y luego al frente de las ruinas tenemos a Aricagua”. Son poblaciones enclavadas en las montañas. Desde este paseo es más fácil comprender la distribución que los mapas no logran.
Ángel Dugarte es habitante de Aricagua y acompañó nuestra travesía.

Habitantes privilegiados

Angel Dugarte en las ruinas de Mucuño (Acequias)

Angel Dugarte en las ruinas de Mucuño

Ángel Dugarte es buen conocedor y caminador de esta zona de los Pueblos del Sur de Mérida. Desde hace 6 años es acólito de la Parroquia de El Morro y lleva la santa comunión a los enfermos de las aldeas. “Yo digo que una cosa es la pobreza y el dejo es otra. Yo tengo mi casita sencilla de zinc, allí todo es aseadito. He tenido una vida dura de trabajo en el campo y tengo 7 hijos, soy muy feliz en el campo”.

Me gusta cuando está claritico, hasta por gusto me siento a comer aquí en mi patio, con esta vista” expresa Maximina Rojas, quien tiene su casa de bahareque justo encima de Acequias, con una visual privilegiada. “No es porque yo sea de aquí, pero pienso que este pueblo es muy fotogénico” comenta Agustín Rojas, quien mantiene los jardines de la plaza y a sus 21 años después de terminar el bachillerato, es de los pocos que regresó a Acequias, según explica: “No me acostumbraba al bullicio, aquí dormimos tranquilos y no hay robos”.

Valor patrimonial

Detalle de construcción en San Antonio de Mucuño (Acequias)

Detalle de construcción en San Antonio de Mucuño

Las ruinas corresponden a un pueblo de doctrina fundado en 1620. Se estima que tuvo una población de 231 indios varones y 514 entre mujeres y niños para un total de 745 indígenas. Las ruinas de Mucuño (o el Pueblo Viejo) conservan muchos paredones de tapia, están en una zona árida, con cactus y es el origen del actual pueblo Acequias. Se dice que fue abandonado en 1692 a causa de varios terremotos que provocaron hundimientos.

Fueron declaradas en 1991 Patrimonio Histórico de la Nación. Según explica Genrry Flores, del Instituto de Patrimonio Cultural en Mérida, tanto el poblado de Acequias, como la Laguna de Las Lajas, San Pedro y las ruinas de Mucuño forman parte de la perimetral protegida y están trabajando en planes de manejo para la conservación del paisaje cultural, que incluye patrimonio natural y cultural. Desde 2007 Acequias forma parte del Plan de Desarrollo de Ciudades Patrimoniales Sustentables, del Ministerio de Cultura.

PLANIFICA TU VIAJE

Cómo llegar: La recomendación para llegar a este paraje recóndito son los vehículos rústicos que salen a las 8.30 am, a una cuadra de la Plaza Bolívar de Ejido, al sur de la ciudad de Mérida. Los rústicos cobran Bs.15. La carretera es muy estrecha y muy poco transitada. Subir implica tener confianza en los conductores con años de experiencia en esta vía y no sufrir de miedo por los precipicios.
Paseos y celebraciones: Desde este 4 al 10 enero tienen 6 días corridos de festividades, cada día celebran una. Así el Acequias de apenas unos 80 habitantes se congestiona y colma de visitantes. Celebran: la Sagrada Familia, Los Reyes, San Benito, Virgen de Coromoto, Inmaculada y Perpetuo Socorro y San José. Para información sobre paseos a las Ruinas de Mucuño y Laguna de las Lajas, así como alojamiento y comidas contactar a Lesbia Rojas Telfs. (0274) 416.85.43 y (0426) 778.59.53.

(Extracto del diario Ultimas Noticias, 3 de enero de 2010)

>> Ver también la primera parte del reportaje de Salir de Casa sobre Acequias

Acequias: un mirador infinito, por Irma Naranjo

Irma Naranjo, creadora de la página Salir de Casa que aparece en el suplemento dominical del diario Ultimas Noticias, acaba de publicar dos reportajes sobre Acequias, uno de los Pueblos del Sur. Reproducimos aquí el primer artículo.

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Acequias es uno de los recónditos Pueblos del Sur de Mérida. Para visitarlos hay que transitar carreteras estrechas, que serpentean entre precipicios. Un rasgo común de los distantes y encantadores Pueblos del Sur.

Acequias (Pueblos del Sur, Mérida, Venezuela)

Hay que subir muy bien abrigado en este diciembre, el poblado está a una altitud de 2460 metros. Las cadenas montañosas de la cuenca de Nuestra Señora son parte del entorno inmediato en este poblado apacible. Fotografía: ©Irma Naranjo, Salir de Casa

Acequias sorprende. Tiene una ubicación que lo convierte en una especie de pueblo mirador. Las panorámicas desde los mismos banquitos públicos son impactantes. La vista es infinita en los 180 grados.

Es difícil que lleguen turistas hasta aquí, no hay carteles de señalización, no aparecemos en las carreteras. Nos confunden con San José de Acequias, con Pueblo Nuevo del Sur” comenta Lesbia Rojas, nativa de Acequias quien es encargada de la Posada Mana Emilia.

Con sólo andar en sus poquitas calles, sin tener que rodar en carro a algún punto especial de la carretera, con apenas salir de las casas y hasta asomarse en ventanas se tienen los azules radiantes del cielo, en jugueteo con las nubes y las imponentes cadenas montañosas de curiosa y rojiza aridez. Paisajes magnánimos, ideales para relajarse y propicios para la meditación…

El cielo pleno de estrellas es un privilegio en Acequias. Y a toda hora el silencio completa el privilegio.

Invitan a la navidad

Martin Rojas y el pesebre de Acequias

Martin Rojas y el pesebre de la plaza

Este miércoles 16 de diciembre estuvo listo el pesebre en la Plaza Bolívar, que lo hace tradicionalmente la Junta de Conductores de la Parroquia. Martín lleva 20 años haciendo el pesebre, este año compartió trabajo con Agustín, Florencio, Daniel y Jonatan, todos de apellido Rojas -el más común y casi único en Acequias-. Con tierra rojiza, un par de cactus y también verdor de fondo recrean el entorno de Acequias, que se muestra como un microclima con relativa humedad, árboles y arbustos, rodeado de aridez.

También este miércoles 16 de diciembre a las 8 de la mañana acompañamos el inicio de las celebraciones de navidad. Con el frío colándose por los abrigos dieron la primera misa de aguinaldo. Desde entonces y hasta el 25 de diciembre se podrá disfrutar de esta tradición en las mañanas y el 24 la misa de nochebuena a las 8 de la noche. Con esmero cantan y tocan los pequeñitos de la escuela, organizados por Zulima Rojas. La escuela actualmente funciona hasta 6º grado, con unos 23 niños de matricula.

Misa de aguinaldos en Acequias

Misa de aguinaldos

Acequias tiene unos cien habitantes en su casco poblado repartidos en casas que logran conservar arquitectura tradicional de tapia, que forman hileras por sus escasas calles y tienen como distintivo estar armónicamente pintadas de blanco, con sus techos de tejas. Unos 10 carros rústicos cuando mucho transitan por sus calles cada día. Los niños juegan libremente por calles y plazas.

En las afueras hay lugares hermosos, la laguna de Las Lajas, el pueblo viejo de Mucuñó”, comentan varios de los pobladores, con mucho orgullo por sus parajes. La semana próxima continuaremos el recorrido para conocer las ruinas del primer asentamiento de Acequias, que tiene decreto de Patrimonio Histórico Nacional. Acompáñenos…

PLANIFICA TU VIAJE

Cómo llegar: La recomendación para llegar a este paraje recóndito son los vehículos rústicos que salen todos los días a las 8.30 am, a una cuadra de la Plaza Bolívar de Ejido. Y hasta allí se llega en transporte público que desde el viaducto Campo Elías con avenida Tulio Febres en la ciudad de Mérida.

Los rústicos cobran Bs. 15 y hay que compartir espacio con alguna carga de alimentos que con frecuencia suben o bajan. Son unas dos horas de carretera de tierra, que comienza un poco más adelante de Tierra Negra, lugar frecuentado por parapentistas. La carretera es muy estrecha aunque muy poco transitada. Subir implica tener confianza en los conductores con años de experiencia en esta vía y no sufrir de miedo por los precipicios.

Dónde alojarse: Recomendamos Posada Mana Emilia, que existe desde hace 17 años, tiene 9 habitaciones y espaciosos corredores, incluyen comidas y tiene agua caliente, una casona hermosa. Telf. (0274) 416.85.43 y (0426) 778.59.53. Para información sobre paseos y comidas adicionales contactar a Lesbia Rojas por los mismos teléfonos.

(Extracto del diario Ultimas Noticias, 27 diciembre de 2009)

>> Ver también la segunda parte del reportaje de Salir de Casa sobre Acequias

Semana Santa en los Pueblos del Sur: la fabricación del pan criollo

Cada región tiene sus costumbres y tradiciones durante la Semana Santa. En los Pueblos del Sur, una de las tradiciones más arraigadas es la fabricación de pan criollo en hornos de adobe y tierra. Muchas familias se reunen para hacer este pan especial que será comido el Jueves Santo, en conmemoración de la última cena.

En El Molino, los hermanos Renny y Eduardo Gómez, ambos miembros activos de la cooperativa fundada en el marco del proyecto Rutas del Sur, han documentado esta tradición a través de un cortometraje documental realizado con los pocos medios de que disponían. Es para nosotros un placer difundirlo a través de este medio.

La Batalla del Ataque: un grito de libertad en Mucuchachí

Hemos recibido del Padre Edduar Molina Escalona, Cronista Oficial del Municipio Arzobispo Chacón, el texto que leyó el pasado 30 de enero en el pueblo de Mucuchachí con motivo del Acto de conmemoración de la Batalla del Ataque. Tratándose de un texto bien documentado sobre un episodio poco conocido de la Guerra de Independencia, es un placer para nosotros publicarlo a continuación.

Año de 1813. Los caminos indomables de la lejana serranía traen la gran noticia de libertad. Las cinco águilas de Don Tulio emprenden su más alto vuelo por los vientos libertarios de la majestuosa sierra, dejando en su canto el elogio más sublime con el titulo: “Libertador”, es el paso de Bolívar, que junto a una multitud de Quijotes se dispone a visitar la Ciudad cimentada en lo alto del monte. Campaña  Admirable de coraje, de sacrificio, de lucha inquebrantable por dejar sembrado en la más alta de las urbes de la Patria un sueño de igualdad, de justicia y hermandad.

Restitución de la batalla

Reconstrucción de la batalla

Pero más allá de la Mérida serrana, enclavado en medio de imponentes montañas y bañado por su río, con  sus aires de llano, se asienta el histórico Mucuchachí. Su nombre ya nos habla de pueblo de indios, pues para el 4 de septiembre de 1597, se conocía como parte del Valle de Mukaria, o doctrina de la tierra de las orquídeas Aricagua. Con su paisaje agreste preservó como sagradas reliquias los vestigios de su indígenas mucuchaches, lejos de todo contagio de  la influencia civil española.

La crónica nos relata unos nativos adoctrinados por los Misioneros Agustinos, venidos de Aricagua. Y como su primer cura de almas, Fray Pedro de Mendoza.  La evangelización tenía su más genuino acento, gracias a los distantes estragos del  colonizador, el nativo sureño recibió en cambio al misionero convertido sin duda en su padre, maestro,  hermano y compañero de camino. Con la mano en el crucifijo y con la predica en los labios, se hizo la espada de doble filo para mostrar lo desconocido: los misterios de la fe.  Pero también en el látigo que reclama y se hace “voz de los que no la tienen”.

Así se registra en la historia que en los primeros días del mes de Enero, del admirable 1813, cuando aún no había pisado Mérida el Brigadier Bolívar. En el suelo sureño no se conocía con detalles el inicio de su campaña admirable; pero en el corazón del cura del Morro, José Luis Ovalle, pregonero de la Buena Noticia de todo este vasto territorio, se aguardaba un fuerte sentimiento de amor por la Patria; azotada y desvastada por los abusos de la Corona.  Su profunda vocación sacerdotal le llevó a mantenerse fiel al cumplimiento de la misión del Mesías: “dar libertad a los cautivos”. Con su mayor arma: La Palabra Divina y el testimonio preclaro de un auténtico “Apóstol de Cristo”.  En sus predicaciones penetraba hasta lo más profundo en las almas de sus fieles el sueño libertario.

Restitución de la batalla del AtaqueNo tuvo investidura militar ni laureles militares, pero si relevante humildad franciscana, pasión por su pueblo, fidelidad a su Iglesia y compromiso por los más pobres. Como relámpago apocalíptico iluminó las almas  nobles de sus creyentes campesinos. Su voz profética lo convirtió en el Juan Bautista que preparó el camino al Libertador.  El ambiente  es primaveral, el sol brilla en todo su esplendor, pero también corría la desoladora noticia de aguerridas tropas comandadas por el General Contreras que se movían desde Bailadores hacia el sur merideño. Por la mente del Venerable Cura, quizá pasaron imágenes de muerte, oscuridad, tristeza y desolación. Pero su alma henchida de la fuerza divina hizo que aquel apóstol de la montaña, con acierto, entusiasmo y dispuesto a ganar la corona de gloria que no se marchita, con la valentía de ofrendar a la Patria hasta el sacrificio de su propia vida, logra reunir en los valles de Santa Bella a trescientos feligreses. Como la escena bíblica del pueblo caminante por el desierto, pequeño ante la grandeza del Faraón,  pero grande por la mano provisoria y el brazo extendido del Señor. Así fueron estos fieles guiados por el heroico levita.

El paso por esta aldea era obligado. Caminos del llano y del cerro, subida del cabestrero y arriero, de sueños y esperanzas. Tiempos después cuentan que pasó por allí la reina Urbina con sus codiciados tesoros.  Era el día 30 de enero de 1813, antes de despuntar la aurora, el cura José Luís Ovalle invocó al cielo la Madre del Pilar bendijo sus ejércitos, impuso el santo escapulario que  les sirvió de coraza, con los fusiles en mano y con un solo grito: ¡libertad! Irrumpieron en el silencio monacal de la montaña, una humarada de pólvora guerrera veían los vecinos del pueblo, quienes se unían a los patriotas venidos hasta de Acequias. Eran un solo equipo  bajo el mando firme del ministro del altar, pronto la mano del Señor de los ejércitos hizo posible la derrota a las funestas tropas realistas.  Humilladas así no pudieron profanar el suelo sagrado de los tatuyes que ciento catorce días después pisaría el General libertador de los treinta años. El grito de libertad en la Campaña de Mucuchachí fue entonces el primer saludo de fúsiles victorioso que la provincia merideña anticipó al fresco los laureles del combate.

El monumento erigido en el lugar de la batalla

El monumento erigido en el lugar de la batalla

El prócer de sotana tuvo la dicha de ser contado entre los heroicos patriotas que recibieron al libertador frente a la casa consistorial de Mérida.  En sus ojos brillaba la ilusión de ver en persona aquel caraqueño de alma grande y brillante como el cielo de enero en las noches sureñas de su combate.  Unas letras escritas en el reposo del alma, daban cuenta al Libertador de su hazaña y sus visiones de futuro auguraban un nuevo nacimiento para la América: la independencia de sus hijos. Documento que Bolívar envió el 26 de mayo de 1813, en carta dirigida al Presidente de la unión Camilo Torres que comenzaba con estas emocionadas frases: “Tengo el honor de incluir a vuestra excelencia la adjunta declaración que el presbítero José Luís Ovalle, cura del pueblo del Morro en esta provincia, ha dado sobre el estado de Venezuela. Vuestra excelencia verá que es el más favorable que puede presentar la fortuna: Monte-Verde prófugo: Cumaná en manos de mil feligreses; los pueblos en insurrección y las fuerzas Españolas en el ultimo grado de debilidad. O excelentísimo señor, quien no vuela a socorrer a nuestros hermanos que luchan por la libertad. Y cuál no será nuestro dolor si llegamos tarde, después de tantos sacrificios o si sucumben ellos por falta de nuestros auxilios.”  Perenne testimonio de heroísmo y amor por la Patria de este cura de pueblo.  Con el nombre de “la columna de piedra blanca” se recordará por siempre, en la colina de Santa Bella, este grito de libertad de nuestro suelo surmerideño.

Pbtro. Edduar Molina Escalona
Cronista Oficial del Municipio Arzobispo Chacón